"Otro sector
lo constituyen los auténticos tracistas o los carpinteros, en los que se
advierte no sólo la aridez y concisión propias de escritores artesanos, sino el
desaliño en la exposición y la torpeza en la sintaxis, lo que hace
ininteligibles las obras de Diego López de Arenas y
la compilación que de Rodrigo Gil de Hontañón hace el salmantino Simón
García."

ESTO VIENE DE LARGO.....LLOBU.....(;-D

hay que ser titulado, licenciado o postgraduado ..... para que te
consideren ...... mira que no tienen PIFIAS ........los_as
titulados_as, licenciados_as o postgraduados_as ......... claro después
pasa lo que pasa .......

PRÓLOGO

Habiendo procurado desde la
primera hora que comencé a aprender y ejecutar este mi oficio,
aprenderlo y ejercitarlo con el cuidado y curiosidad posible (que es lo
que ha de procurar cual­quier hombre de bien en todo lo que profesare),
he venido a al­canzar (por la misericordia de Dios) alguna razonable
noticia de él: porque el trabajo y el cuidado continuos no hay
dificultad que no venzan, ni cosa que no faciliten.

Y al paso que he ido
alcanzando esta noticia, parece que también la ha acompañado un deseo
no pequeño de que todos los que tuvieren este mismo ejercicio den buena
cuenta en él de sus personas, con acrecentamiento del apro­vechamiento
propio y comodidad de la República.

Pues es cier­to que nunca
jamás han estado esta famosa provincia de Andalu­cía, ni aún el resto
de toda España, tan ilustrada con edificios de todas maneras como en la
edad presente.

Y por el mismo caso, nunca
han habido menester tanto la ciencia y destreza de sus Ar­quitectos
para que lo que se gasta en edificar sea bien empleado, y lo que se
edifica salga lucido.

Y, habiendo asimismo
advertido en las veces que he sido Exa­minador y Alcalde Alarife que en
realidad, de verdad, o la mate­ria de las medidas y reglas de la
carpintería no están tan conoci­das y apuradas como es necesario, o los
Maestros y oficiales de ella tan conformes entre sí para ejecutarla
como conviene, con prorrogación de los pleitos que siempre y en todos
los Tribuna­les en materia de casas, he querido tomar el trabajo de
escribir este Compendio, tratar con la brevedad y claridad posible todo
lo que he aprendido y advertido, reduciéndolo a práctica confor­me al
uso y estilo de estos tiempos De forma que a los Maestros les pueda ser
de gusto leer abreviado lo que han aprendido en otros libros mayores, y
a los aprendices y oficiales les sea de guía y ayuda para llegar con
menor trabajo que otros a ser Maestros.

Pues hallarán aquí tan
acomodados los términos de la Geometría, que no les embaracen para el
saber, y poder obrar todo lo que quisieren.

Yo tendré a suma felicidad mía, y contaré por pre­mio de mi trabajo, el verlo logrado en beneficio común.

Más, supuesto que esto no
puede ser, si no es siendo aceptado y ejecutado por las personas para
quien se escribe, a todos pido con todo encarecimiento que, pues yo he
hecho lo que he podido de mi parte, pongan ellos de la suya el
aceptarlo y ejecutarlo; porque así de luego les ofrezco por ello el
mismo agradecimiento que yo pudiera pretender.

PRÓLOGO [II]

Por haber sido dos veces
examinador y dos veces Alcalde Alarife, he visto tanta variedad de
medidas y reglas en el oficie de la car­pintería de lo blanco, en los
exámenes, que es donde por fuerza cada uno ha de verse lo que sabe.

Y visto la variedad con
tantos desper­dicios, me he animado a hacer este compendio para con
menos tra­bajo hallarlas; pues siendo tantas, y muchas de ellas sabidas
como por fe, porque como es la verdad, hay tan malos aprendices que, no
que­riendo trabajar, ni dar tiempo bastante, les parece que estudiar
una hora cada noche es cosa que no conviene a su salud.

Y saliendo de las obras,
tardan en venir en casa de sus maestros para, en vinien­do, tener
ocasión de no hacer, llevándolo mal si les mandan velar.

Y de este modo tienen tan poca amistad a cosa que tanto les impor­ta como es el deprender.

Y así digo que de estos
malos aprendices se crían malos oficiales, y de malos oficiales vienen
a ser peores maestros, cogiendo medidas al vuelo, sin saber si quien se
las dice los engaña; y así, cuando van a ejecutar, se hallan confusos.

Y de este modo van menguando las obras, habiendo de ser de su naturaleza buenas, conforme a lo que saben, po-

niendo la culpa a las casas de por vidas22, como si los templos y casas de los grandes señores lo fuesen.

Y estos mismos oficiales y
maestros se dividen en Sevilla en tantos géneros, unos sólo labrantes,
otros sólo porteros; otros que por aquí van subiendo muy despacio, sin
aspirar a saber hacer obras de considera­ción.

Pues hoy en Sevilla (caso
lastimoso) se pueden contar cuan pocos son los que deprenden lo mucho
que era razón que todos supiesen; y, si saliesen de Sevilla, muchos
maestros no serían más que oficiales, lo que es al contrario en los
buenos oficiales y maestros, que dondequie­ra han dineros por su
trabajo, y los buscan los hombres generosos para que les hagan sus
obras.

Estos tales son honrados y honran a sus ma­estros, y no los afrentan levantándoles testimonios, poniéndoles culpa porque no les enseñaron.

Y para que aqueste
Compendio sea más general a todos los que no saben leer ni escribir, ni
saben de Geometría, puesto caso que la trai­gan entre las manos, lo
escribo en el modo que yo lo uso y se usa, sin querer oscurecerlo
hablando en términos geométricos.

Pues hay tan bue­nos
oficiales y maestros que no saben leer ni escribir, cosa a que hubiere
de ser Alarife muy importante, y aun generalmente a todos, y tienen
cer­tidumbre sus medidas, como se ve en Sevilla y otras panes; pues no
está en que les llamemos cartabones a los triángulos rectángulos, sino
en que se ejecute con ellos con la precitud que conviene, como se verá
en este Compendio.

Y así me pareció darle principio desde las piezas de más poca cuenta, después de saber labrar un palo a escuadra y codales.